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Las novelas

Grandes historias de grandes aventuras del detective

Estudio en escarlata

A Study in Scarlet (SCAN). Arthur Conan Doyle. Beeton’s Christmas Annual, noviembre de 1887.

El detective británico a quien el doctor Watson presentaba en el borrador de la primera novela de la prolífica serie en la que se narraba el encuentro de ambos, se llamaba Sherrinford. Una decisión posterior de su autor, siguiendo el consejo de su esposa, preocupada por nombre tan poco común, hizo que éste fuese bautizado definitivamente como Sherlock, naciendo así uno de los personajes más carismáticos de la literatura popular.

A Study in Scarlet (Estudio en Escarlata) fue publicada por su autor en el almanaque literario “Beeton’s Christmas Annual” en las Navidades de 1887, y ante la buena acogida de los lectores, fue lanzada un año más tarde en forma de libro por la editorial Ward Lock, cuyas ilustraciones fueron hechas por el padre de Arthur Conan Doyle, Charles Doyle. Sólo se conservan 10 copias de la publicación original y son de valor considerable.

La obra está estructurada en dos partes muy definidas. En la primera, titulada “Reminiscencias”, un médico, el doctor Watson, recuerda sus años en el ejército y su encuentro con un detective privado, el investigador Sherlock Holmes, que se enfrenta ante su primer caso, el asesinato de Enoch Drebber y Joseph Stangerson a manos del criminal Jefferson Hope, suceso cometido aproximadamente en el mes de marzo de 1881.

La segunda parte está situada treinta años antes de aquel hecho y trata sobre la secta de los mormones en Utah y las razones por las que el homicida decide cometer sus asesinatos. La narración se completa con la confesión de Jefferson a Holmes y la exposición del método deductivo llevado a cabo por éste para resolver su primer caso. Esta primera novela, a la que seguirían otras tres y varias series de relatos cortos, definía las relaciones del detective y su amigo médico, el entorno de Holmes y su método deductivo, infalible en sus conclusiones porque, como diría Holmes a la gente que asiste a la audiencia pública, “el crimen es un mal negocio”.

Teñida de fatalismo y de justicia, así como de problemas de conciencia, la terrible venganza del asesino, ambientada en el seno de la secta mormona de Salt Lake City, era justificada por el propio Jefferson Hope en un insólito “juicio de Dios”, del que se defendía ante la policía diciendo que “pueden tomarme por un asesino, pero yo sostengo que no soy sino un funcionario de la justicia, lo mismo que lo son ustedes. Eran reos -declara refiriéndose a Enoch y Joseph- de la muerte de dos seres humanos, un padre y una hija, y por consiguiente, habían perdido el derecho a sus propias vidas. A mí me era imposible, después del lapso transcurrido desde su crimen, conseguir pruebas de su convicción para acusarlos ante ningún tribunal. Pero, como ya sabía que eran culpables, resolví que yo mismo sería el juez, el jurado y el ejecutor, todo en una pieza”.

El nacimiento de un mito

Esta primera novela de la serie necesitó que pasase un año para ser publicada, cobrando su autor 25 libras esterlinas por todos los derechos del texto. Pese a su escaso éxito inicial en su país, un editor norteamericano incitó a Doyle a escribir una continuación, The Sign of Four (1890), también de menguada aceptación. El éxito llegó con la publicación de una serie de novelas cortas en el prestigioso “Strand Magazine”, recogidas en dos volúmenes, The Adventures of Sherlock Holmes (1892) y The Memoirs of Sherlock Holmes (1894). Cansado de su personaje, su autor hacía que muriese junto a su rival Moriarty en la última de estas narraciones, The Final Problem. La increíble reacción de los lectores hizo que Doyle resucitara a su creación en su tercera novela, The Hound of the Baskervilles (1902), que fue seguida por la recolección de cuentos The Return of Sherlock Holmes (1905), la cuarta novela, The Valley of Fear (1915), y dos nuevos volúmenes de cuentos cortos, His Last Bow (1917) y The Case-Book of Sherlock Holmes (1927).

El signo de los cuatro

The Sign of the Four (FOUR). Arthur Conan Doyle. Lippincott’s Monthly Magazine, febrero de 1890.

Tras la publicación, en 1887, de Estudio en Escarlata, el editor estadounidense J.B. Lippincot pidió a Conan Doyle una novela para publicarla en el “Lippincot Magazine”. Así, The Sign of Four (El Signo de los Cuatro) apareció en febrero de 1890 y, un par de meses más tarde, Spencer Blackett la publicó en forma de libro. Mientras que la versión Británica fue vendida por 1 chelín, y la versión Americana por 25 céntimos, hoy en día las copias que quedan están valoradas en miles de dólares.

Esta segunda novela de Sherlock Holmes mantiene casi inmutable el esquema de la primera. En la introducción vemos que las sospechas del doctor Watson se confirman y nos presenta a Holmes coqueteando peligrosamente con la cocaína disuelta el 7%, para combatir la depresión que le produce la falta de alicientes que hagan trabajar su portentosa inteligencia. Un Holmes misógino y fatalista que no da a su vida más importancia que a un juego tentador. En esta primera parte, el único detective privado que tiene abierta consulta, como él mismo se define, da lecciones a un enfurruñado Watson sobre las diferencias entre observación y deducción. Una de ellas, relacionadas con el reloj de bolsillo de Watson, ha pasado a la galería de anécdotas famosas, que a los holmesianos les encanta divulgar. A continuación, la visita de una bella joven, Mary Morstan, rompe la monotonía con un relato que merecerá la atención de Holmes. Tras la misteriosa desaparición de su padre, Mary empezó a recibir, regularmente, unas valiosas perlas de un remitente desconocido. Después de un prolongado silencio, tan generoso personaje ha dado señales de vida y pretende que Mary se reúna con él esa misma noche. La joven, atemorizada, pide a Sherlock Holmes que le acompañe a la cita. Ambos amigos se pondrán a disposición de la bella joven, uno por diversión y el otro alcanzado por las flechas de Cupido.

El dadivoso desconocido resulta ser Thaddeus Sholto, hijo de un buen amigo del padre de Mary, el mayor John Sholto. Thaddeus y su hermano gemelo Bartholomew han buscado, durante seis largos años, un fabuloso tesoro que su padre escondió antes de morir. Por fin sus esfuerzos se han visto recompensados y han encontrado el tesoro que, siguiendo las voluntades de su padre, deben compartir con Mary. Ése es el motivo de que le hayan estado enviando las perlas, única prueba que poseían de la existencia del legado. El variopinto grupo, cuando llega a la residencia de los Sholto, descubre que Bartholomew ha sido asesinado y el tesoro robado. El responsable firma su autoría con el enigmático nombre de “El signo de los cuatro”. Holmes inicia una minuciosa investigación que terminará con la detención del culpable y la pérdida del tesoro.

El peligroso asesino resulta ser Jonathan Small, un antiguo soldado que, durante el famoso motín de la India en julio de 1857, había robado un fabuloso tesoro junto con tres compinches sikhs. Detenidos más tarde los cuatro malhechores, fueron enviados a cumplir condena al presidio de las islas Andamán. Buscando la forma de huir, para poder disfrutar de sus riquezas, Small contó su secreto a dos oficiales de la guarnición. El capitán Morstan y el mayor Sholto habían traicionado a los cuator amigos, quedándose con el tesoro y abandonándolos a su suerte. Jonathan Small había logrado huir finalmente y vengarse, en nombre de los cuatro, de los dos oficiales.
Ante la inminencia de la detención, durante una espectacular persecución por el Támesis, Small arroja las joyas al agua, una por una. Watson, que había ocultado sus sentimientos a Mary, creyéndola inmensamente rica, decide declararse y es aceptado.

El hecho de que Conan Doyle case al doctor Watson tan pronto demuestra, una vez más, el escaso interés que le producían estas historias y el poco futuro que auguraba a las mismas. A partir de ese momento, el simpático doctor tendrá que buscarse mil excusas para abandonar su hogar siguiendo a Sherlock Holmes en sus diferentes aventuras.

En El Signo de los Cuatro, el doctor Watson hace una perfecta descripción de Sherlock Holmes investigando en el escenario del crimen: “Sacó su lupa y una cinta métrica y, de rodillas, recorrió la habitación midiendo, examinando, haciendo comparaciones, con su afilada nariz cerca del suelo y sus ojos brillantes como cuentas de abalorios que recordaban a los de un ave. Sus movimientos, rápidos y silenciosos, se parecían a los de un perro siguiendo el rastro.” Watson se convertirá desde un principio en cómplice del lector, que compartirá con él las excitantes aventuras y confidencias del gran Holmes.

El sabueso de los Baskerville

The Hound of the Baskervilles (HOUN). Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, agosto de 1901.

Aunque en 1893 Sherlock Holmes se había precipitado por la garganta de Reichenbach, en Suiza, pereciendo con su eterno enemigo, el profesor Moriarty, entre agosto de 1901 y abril de 1902 el “Strand Magazine” publicó, por capítulos, un nuevo relato de Sherlock Holmes, titulado The Hound of the Baskervilles (El perro de los Baskerville), para regocijo de los miles de seguidores del personaje. Al año siguiente apareció y apublicado en forma de novela, y su éxito fue insospechado: llegaba mucho más allá de la demanda patente de nuevas aventuras del genial detective. ¿Había resucitado Holmes? No; de momento, Conan Doyle hacía que el doctor Watson situase la acción en 1889, antes de los fatídicos sucesos de 1893. Pero, de todos modos, esto poco importaba al lector que paladeaba esta nueva aventura de Sherlock Holmes. El perro de los Baskerville, a medias entre la novela gótica al estilo de Walter Scott y la novela de detectives clásica, es, para muchos, la mejor novela de Sherlock Holmes, aunque los detractores aleguen que no puede serlo al estar ausente de la acción, durante gran parte de la novela, el protagonista, que cede su lugar al doctor Watson y sus cigarrillos Bradley.

La trama

Una vez más, nos encontramos con Sherlock Holmes y el doctor Watson en su cómodo cuartel de operaciones del 221-B de Baker Street, analizando el bastón que un médico olvidó la víspera. Con motivo de una peqieña alabanza a los esfuerzos de Watson por parte de Holmes, el doctor hace una reflexión que enmascara un ligero complejo de inferioridad ante su brillante amigo: “…no puedo sino admitir que sus palabras me produjeron un gran placer, porque la indiferencia que mostraba habitalmente ante mis esfuerzos y mis intentos de dar a conocer sus éxitos, había herido, con frecuencia, mi amor propio. Me sentí orgulloso de su aprobación a los intentos que yo hacía de aplicar sus métodos, en los que había adquirido un cierto dominio”.

Tras apabullar de nuevo a Watson con sus brillantes deducciones sobre el propietario del bastón, hace acto de presencia el doctor Mortimer, quien despertará su interés con el relato de la extraña muerte de Sir Charles de Baskerville, relacionada con una extraña leyenda sobre una maldición que persigue a los Baskerville, por la que mueren víctimas de una bestia infernal que adopta la forma de un gigantesco sabueso.

El caso se complica con la llegada inminente del heredero de Sir Charles, el joven Henry de Bakerville, para hacerse cargo de la herencia de su tío e instalarse en Baskerville Hall, la casa de la familia, situada en Dartmoor, no lejos de Grimpen, en Devonshire. Los Baskerville, una antigua y orgullosa familia, son víctimas desde 1647 de una leyenda, según el cual el malvado y cruel Hugo de Baskerville fue muerto por un ser diabólico bajo la apariencia de un gigantesco perro. Otro Hugo de Baskerville redactó por escrito, en 1742, un documento en el que quedó plasmado el incidente y la terrible maldición que parece perseguir a su linaje por culpa del infame Hugo. Arruinados con el paso del tiempo, Sir Charles rehizo la fortuna familiar y volvió a instalarse en Baskerville Hall, aunque por poco tiempo, ya que la maldición acabó con su vida.

Holmes decide hacerse cargo del caso, y envía a su amigo Watson para que acompañe y defienda al nuevo señor de Baskerville Hall. A partir de ese momento, es Watson el que nos va narrando los acontecimientos a través de su diario y a través de las cartas que va enviando para mantener informado a Sherlock Holmes, el cual permanece en Londres, ocupado en otros menesteres. Watson intentará actuar por su cuenta para proteger al joven Sir Henry, y también para impresionar a su compañero. Cuando intenta capturar al culpable, escribe: “A Holmes se le había escapado en Londres. Sería, por tanto, un triunfo para mí poder atraparlo, habiendo fracasado mi maestro.”

Conan Doyle introduce en El perro de los Baskerville ingredientes tales como ruinas, fantasmas y maldiciones, elementos quizás más cercanos a la novela gótica que a la de detectives. Sin embargo, finalmente, la brillante solución que da Holmes al caso demuestra que el origen de la intriga está en instintos humanos como la codicia, la envidia y la venganza, que poco tienen de sobrenaturales.

El valle del terror

The Valley of Fear (VALL). Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, septiembre de 1914.

En realidad, El valle del terror no es una novela sino dos. Las dos partes que la componen, La tragedia de Birlstone y Los chirrioneros, pueden leerse por separado la una de la otra. Aunque el protagonista sea el mismo y los sucesos del primero sean consecuencia del segundo, ambas poseen total independencia y pueden perfectamente considerarse como relatos diferentes.

La tragedia de Birlstone

Si bien la maléfica sombra del profesor Moriarty planea sobre toda la novela, es en esta primera parte donde su presencia es más real. Holmes se refiere a él como “el más grande maquinador de todos los tiempos, el que organiza todas las maldades, el cerebro que rige los bajos fondos”. Sherlock Holmes compara a Moriarty con Jonathan Wild, un consumado criminal del siglo XVIII, cuando diserta sobre la continua repetición de la Historia: “Todo ha sido hecho antes y se repetirá después.”

Watson sitúa el relato en la década de 1880-1890, y la acción comienza cuando recibe en el 221-B de Baker Street una misteriosa carta en clave de un esbirro de Moriarty que usa el seudónimo de Fred Porlock. Tras lograr descifrar una misiva, que hace referencia al peligro que acecha a un caballero de Birlstone llamado Douglas, reciben la visita del inspector Alec McDonald. El joven policía solicita la ayuda de Holmes para el esclarecimiento del extraño asesinato en Birlstone de un tal Douglas. La mano asesina se ha adelantado al gran detective. Holmes convence a McDonald de la posible participación de Moriarty en el hecho delictivo, y salen hacia Birlstone para desentrañar los entresijos del misterioso caso.

John Douglas, un caballero norteamericano afincado en Inglaterra, ha sido violentamente asesinado en el interior de su mansión, aparentemenre inexpugnable. La fortaleza posee un foso, y el puente levadizo estaba alzado. Las declaraciones de los habitantes de la casa hacen pensar en la existencia de poderosos enemigos de Mister Douglas. La propia esposa narra cómo su marido haría referencia a su pasado: “Yo he vivido en el valle del terror, y todavía no he salido de él.” Durante una enfermedad, en pleno delirio, Douglas había mencionado a un tal “McGinty, el gran maestro”. Por otro lado, una tarjeta con la inscripción “V.V. trescientos cuarenta y uno” y una extraña marca en el brazo del cadáver hacen pensar en la intervención de una secta u orden secreta.

Sherlock Holmes, sin dejarse engañar por las apariencias, hallará la solución al enigma y logrará sacar a Douglas de su escondite para que se entregue a la policía. El falso muerto abandona el plan para engañar a sus enemigos, que tan hábilmente había urdido con la ayuda de su esposa y de su gran amigo Cecil James Barker. En el momento de ponerse en manos de la justicia, John Douglas entregará a Watson un manuscrito en el que explica su historia, que compone la segunda parte de la novela.

Los chirrioneros

En la segunda parte de El valle del terror se narra en tercera persona la historia de Birdy Edwards, verdadero nombre de John Douglas, y la causa por la que sus malvados enemigos habían intentado asesinarle en su casa de Birlstone en la primera parte. La historia se inicia el 4 de febrero de 1875, en un tren que asciende entre la nieve por los montes de Gilverton. En uno de los vagones viaja Jack McMunro, aparentemente un fugitivo de la policía de Chicago, y autor del brutal asesinato. Su destino es una explotación minera situada en el valle de Vernissa, también conocido como “el valle del terror”. McMunro pertenece a la Antigua Orden de los Hombres Libres, una asociación masónica, y al llegar pretende incorporarse a la logia local, presidida por el malvado Jack McGinty, un gigante de tosco aspecto. A su llegada, el forastero puede comprobar que la logia y los chirrioneros, una banda que siembra el terror en el valle, son una misma cosa.

Conan Doyle juega hábilmente con el lector haciéndole creer que McMunro es un desalmado que se unirá alegremente a los bandidos; pero en realidad su verdadero nombre es Birdy Edwards y se trata de un agente infiltrado para acabar con los chirrioneros. McMunro, Edwards, más tarde Douglas, logrará acabar con la banda, pero se verá perseguido para siempre por los supervivientes, en especial por el sádico Ted Baldwin, a quien Douglas tendrá que matar en defensa propia de Birlstone.

El final de una odisea

John Douglas (Birdy Edwards) parecía haber logrado huir de sus enemigos, asesorados por Moriarty. Pero una reunión demuestra que tal como se temía Holmes, el malvado profesor logra su objetivo. Finalmente, el pobre Douglas (McMunro, Edwards) desaparece durante una travesía en barco, tal como les anuncia Cecil James Barker. Ante la indignación de sus amigos, Holmes pronuncia una frase que resultaría profética: “Yo no digo que no pueda ser vencido. Pero deben darme tiempo, deben ustedes darme tiempo.” Faltaban unos años para el episodio de las cataratas de Reichenbach, pero los lectores ya sabían dónde y cómo el malvado Moriarty recibiría su castigo.