Seleccionar página

El regreso de Sherlock Holmes

La resurrección del héroe

La casa deshabitada

The Empty House. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, octubre de 1903.

El doctor Watson sitúa la acción de esta aventura en abril de 1894, aunque él escribe el relato casi diez años después, una vez que Holmes le autoriza a revelar el secreto.

En la primavera de 1894, la ciudad de Londres está conmocionada por el misterioso asesinato del ilustre Ronal Adair, segundo hijo del conde de Maynooth. El doctor Watson ha perdido a su querida esposa, y ha trasladado su consulta a Kensington. La muerte de Adair y la ineficacia de Scotland Yard hacen que Watson añore la presencia de Sherlock Holmes e intente, sin demasiado éxito, emular sus métodos.

De pronto, la situación da un giro inesperado. Un extraño anciano, con el que Watson ha tenido un encontronazo frente a la casa de los Adair, acude a su domicilio. Tras presentarse como un librero vecino, en un descuido de Watson, se quita el disfraz, y ante el perplejo Watson aparece el mismísimo Sherlock Holmes. El doctor sufre el primer desmayo de su vida, incapaz de comprender lo que sucede ante sus ojos. Holmes, una vez más, desentrañará el misterio que rodea el crimen y encarcelará al culpable, un lugarteniente del fallecido profesor Moriarty, que desea vengarse de Holmes por haber acabado con su maestro y su organización criminal. En la investigación jugará un papel primordial un truco por el que, mediante un busto suyo colocado en una ventana del 221-B de Baker Street, se hace creer al asesino que tras la cortina se encuentra el mismo Holmes.

El mayor interés de esta aventura reside en la explicación que Holmes da a Watson sobre el motivo de fingir su desaparición en mayo de 1891. De este modo nos enteramos de que hizo creer a todos en su muerte para poder actuar con mayor liberta contra los secuaces de Moriarty, y acabar así definitivamente con su peligrosa banda criminal. Según Holmes, sólo su hermano Mycroft estaba al corriente de ello, aunque luego conoceremos que también el malvado coronel Moran lo sabía, ya que había sido testigo presencial del enfrentamiento de Holmes con Moriarty en las cataratas de Reichenbach.

Como biógrafo oficial de Sherlock Holmes, Watson narra las peripecias vividas por el detective durante el tiempo en que todos le daban por muerto. El relato de Watson contiene algunas inexactitudes, como la de denomiar Dalai Llama al Dalai Lama, confundiendo su nombre con el del pacífico animal que habita en los Andes. Además, cuenta una imposible entrevista de Holmes con el califa de Kartum, que realmente había abandonado el país en 1885, seis años antes de la desaparición de Holmes en Reichenbach. Los errores de Watson hacen que los expertos mantengan una gran precaución sobre esta época de la vida de Sherlock Holmes. Edgar Smith publicó un artículo en “The Baker Street Journal” en el que dice que sobre este relato hay una niebla más espesa que la que jamás hayan conocido las calles de Londres.

El constructor de Norwood

The Norwood Builder. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, noviembre de 1903.

El segundo relato de El Retorno de Sherlock Holmes fue publicado en la revista estadounidense “Collier’s” en octubre de 1903, y en noviembre del mismo año se publicó en las páginas de “The Strand” de Londres, dos años antes de que apareciese con el resto de relatos de la serie, en forma de libro.

Holmes, que siempre alude al relato como “La desaparición de Norwood”, recibe en el verano de 1894 al joven John Hector McFarlane, sospechoso del asesinato del constructor Jonas Oldacre en la localidad de Norwood. Durante la entrevista, se presenta el inspector Lestrade, viejo conocido de Holmes, que detiene a McFarlane. Aparentemente, todas las pruebas acusan a McFarlane, y la gente de Scotland Yard, con su limitada capacidad de análisis, decide investigar por el camino que parece más obvio. McFarlane es heredero universal del constructor, y el móvil es claramente ecónomico. La decisiva intervención de Sherlock Holmes evitará, una vez más, que se condene a un inocente. El detective del 221-B de Baker Street no se deja engañar por lo que parece evidente y, por fin, logra que brille la luz de la verdad.

El constructor de Norwood es el primer caso en el que Sherlock Holmes basa su investigación en el estudio de las huellas digitales, una auténtica novedad para la época. Oldacre falsifica la huella del pulgar de McFarlane, sin contar con la agudeza y el fino olfato del maestro de detectives, Sherlock Holmes, que describe a Oldacre como “una persona astuta, maligna y vengativa”. Al final del relato sonríe con indulgencia y contesta a la velada amenaza del malvado Oldacre con estas palabras: “Me imagino que va a estar atareado durante muchos años…”

Watson hace la observación de cómo las maneras inicialmente presuntuosas del inspector Lestrade se habían transformado, de pronto, en la actitud de un niño que hace preguntas a su maestro. Holmes había desaparecido, pero no por ello había perdido ni un ápice de sus facultades investigadoras.

Los bailarines

The Dancing Men. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, diciembre de 1903.

Holmes y Watson reciben la visita de Hilton Cubitt, un hidalgo campesino al que Watson describe con estas palabras: “Alto, rubicundo, completamente afeitado, cuyos claros ojos y colorados carrillos pregonaban que su poseedor vivía lejos de las nieblas de Baker Street.” El “smog” o niebla londinense era una desagradable característica de la capital inglesa, producto de las chimeneas domésticas de carbón. Tras la prohibición de éstas, la niebla desapareció de Londres.

Durante su visita, Cubitt expresa su preocupación por el estado de su joven esposa, muy alterada tras la recepción de unos extraños jeroglíficos en su residencia Riding Thorpe Manor, de Norfolk. El misterio que rodea el pasado de su esposa, y que él se comprometió a respetar, entorpece la aclaración del nerviosismo y la inquietud de la señora Cubitt. Holmes tranquiliza a Hilton Cubitt y le promete su ayuda una vez termine un caso delicado que está resolviendo. Desgraciadamente, cuando corre en ayuda de Cubitt, alarmado por el significado de los jeroglíficos una vez desentrañados, se encuentra con que Cubitt ha muerto y su esposa está gravemente herida tras un intento de suicidio. Gracias a la ayuda de Wilson Hargreave, de la policía de Nueva York, Holmes logrará descubrir el pasado de Elsie Patrick, la joven señora de Cubitt, y detener al malvado Abe Slaney, el más peligroso de Chicago, causante de la muerte del pobre Hilton Cubitt. La pena de muerte conmutada por la de trabajos forzados será el merecido castigo para el malvado Slaney.

Watson sitúa el relato al año siguiente de las fiestas del jubileo, o sea, en 1899, con el inicio de la guerra de los bóers y el país convulsionado por el paro y la pobreza. Pero nada de eso se trasluce en las aventuras del detective del 221-B de Baker Street, que sigue imperturbable con sus complicados casos y sus extraños experimentos de química.

“Collier’s” en América y “The Strand” en Inglaterra publicaron Los Bailarines en diciembre de 1903.

El ciclista solitario

The Solitary Cyclist. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, enero de 1904.

Según nos cuenta Watson, Sherlock Holmes fue un hombre activísimo desde 1894 hasta 1901, ambos inclusive. En su brillante trayectoria como maestro de detectives, conoció muchos éxitos soprendentes y también algunos fracasos inevitables. Como en la realidad cotidiana, no existe proporción exacta entre la dificultad y el esfuerzo exigido por los diferentes casos y los resultados obtenidos. Algunos de ellos, de fácil resolución, colaboraron sobremanera a acrecentar la fama de Holmes por la importancia de los personajes en ellos implicados. Otros, en cambio, que supusieron un gran esfuerzo para el detective, ni siquiera fueron conocidos. En algunos, por no dañar a inocentes que se vieron implicados sin tener culpa alguna, y en otros, por salvaguardar la seguridad nacional y el honor del Imperio.

La magnitud y la importancia del Imperio británico ayudó sobremanera a la creación de grandes fortunas, en circunstancias no siempre demasiado claras, por parte de valientes y aventureros peronajes que alcanzaban la riqueza a costa de grandes sacrificios y con riesgo de sus vidas. Sherlock Holmes, a lo largo de su carrera, tuvo que resolver muchos casos en los que la codicia y la venganza se convertían en potentes motores de desgracia y muerte.

La codicia es la causa de la desgracia de la señorita Violet Smith, la ciclista solitaria de Charlington -como la describe Watson- que se verá involucrada en un asunto muy desagradable.

El relato comienza con la visita a Baker Street de la deliciosa señorita Smith, a la que Watson describe como “alta, esbelta y magnífica”. La joven ha obtenido un empleo, sospechosamente bien pagado, como profesora de música en Farnham, en el límite del condado de Surrey, tras la aparición de unos extraños personajes. Lo que en principio parece la maniobra de un grupo de desalmados interesados en los encantos evidentes de la bella señorita Smith, resultará ser la lucha por conseguir la cuantiosa fortuna de Ralph Smith, tío de Violet. Holmes resuelve brillantemente el caso. Los malvados reciben su castigo y la dulce Violet conseguirá la felicidad junto a su pretendiente, el ingeniero Cyril Morton. “Collier’s” publicó el relato en diciembre de 1903, y “The Strand”, en enero de 1904.

El colegio Priory

The Priory School. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, febrero de 1904.

La tradición de los colegios privados ingleses se remonta a varios siglos atrás, y a pesar de ser denominadas “public-school”, son las instituciones más exclusivistas y cerradas de todo el país.

Según su fundador, el doctor Thorneycroft Huxtable, el colegio Priory es la más exclusiva escuela de Inglaterra. A pesar de su reciente fundación, ha logrado un prestigio que le permite contar entre sus alumnos con algunos de los más ilustres vástagos de la sociedad. Cuando desaparece Lord Saltire, único hijo del duque de Holdernesse, el atribulado profesor Huxtable recurre a los servicios de Sherlock Holmes. Cuando llega al 221-B de Baker Street, Watson lo describe como “la personificación del aplomo y la solidez”. Holmes, animado por la recompensa de seis mil libras ofrecida por el duque, y aunque no tiene un espíritu mercenario, decide visitar el elegante colegio. Una vez más, la ambición y el deseo de venganza, por un lado, y el sentimiento de culpa, por otro, serán los protagonistas de este extraño suceso. Holmes logra esclarecer el caso, que termina con el encarcelamiento del malvado Reyben Hays y con el destierro voluntario a Australia del resentido James Wilder. Finalmente, la paz vuelve a Holdernesse Hall y al colegio Priory. Holmes regresa a Baker Street con la tranquilidad del deber cumplido y con un reconfortante cheque de seis mil libras esterlinas.

Cuando se publicó, la afirmación que hace Holmes en un momento del relato de que es capaz de distinguir la dirección que sigue una bicicleta por las huellas de los neumáticos dividió a los lectores en dos bandos y generó encendidas discusiones. Tampoco hay acuerso sobre la época en que se sitúa el relato, aunque según la opinión más extendida pertenece al año 1901.

Peter “el Negro”

“Black” Peter. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, febrero de 1904.

Al principio del relato, Watson dice: “Yo no conocí jamás a mi amigo en mejor forma, tanto mental como física, que en el año 1895.” En ese año Holmes había resuelto dos casos, aparte del que ocupa el relato. Por un lado, Su Santidad el Papa había solicitado los servicios de Sherlock Holmes para investigar la muerte súbita del cardenal Tosca. Con su habitual discreción y rapidez, el detective había logrado desentrañar el complicado caso, igual que haría con el de Wilson, un conocido amaestrador de canarios.

En julio de ese mismo año, es el inspector Hopkins de Scotland Yard quien requiere los servicios de Holmes para descubrir al autor del violento asesinato del capitán Peter Carey, conocido como “Negro” Peter, un antiguo cazador de focas que vivía retirado en Woodman’s Lee, cerca de Forest Row. Borracho impenitente y tremendamente violento, había aparecido clavado en la pared de su cabaña con su propio arpón de pesca.

Una vez en casa de Carey, Hopkins detiene al joven John Hopley Neligan como presunto autor del crimen. Pero la profesionalidad de Holmes, que le incita a no desdeñar ninguna pista, le permitirá descubrir al auténtico autor del asesinato del vil Peter Carey. Una vez más, sorprende al lector la capacidad para el disfraz de Sherlock Holmes. En este caso se transforma en el “capitán Basil”, un rudo marino que prepara una expedición al Ártico.

Conan Doyle escribió estos relatos con notable ligereza, sin reparar en el rigor cronológico necesario en este tipo de publicaciones, debido probablemente a que nunca había creído que algún día sus lectores leerían con fruición y rigor cada uno de los detalles que prodigaba sin preocuparse de la cronología. En La aventura del “Negro” Peter, cuya acción transcurre en 1895, Watson hace mención a la recompensa entregada a Holmes por el duque de Holdernesse en La escuela de Priory, en la que Holmes cita al duque como “Lord Teniente de Hallamshire desde 1900”, lo que sitúa la acción en 1901. Es decir, Watson menciona como ya recibida una recompensa que Holmes recibirá seis años después.

Charles Augustus Milverton

Charles Augustus Milverton. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, abril de 1904.

La caballerosidad del doctor Watson le obliga a ocultar las fechas de este caso en el que Sherlock Holmes debe tratar con “la peor persona que hay en Londres”, según él mismo. Define también el detective a Charles Augustus Milverton como “el rey de los chantajistas”.

La visita de la encantadora Lady Eva Brackwell, cuya boda con el conde de Dovercourt está en peligro, obliga a Holmes y Watson a visitar al repugnante Milverton, para recuperar una carta comprometida. La mano de una dama, antigua víctima del chantajista, acabará con la vida de Milverton. Holmes se erige una vez más en juez y permite la huída de la vengativa dama, cuya importancia social impide a Watson narrar el caso hasta el fallecimiento de la misma.

El relato nos muestra la habilidad de Holmes para el disfraz, sorprendiendo a Watson, que lo describe así: “Al rato, un obrero joven, con aires de calavera, barba en forma de perilla y expresión fanfarrona, encendió su pipa de arcilla en la lámpara, antes de bajar a la calle.” Watson describe otra de las habilidades de Holmes: “Sabía ya que la apertura de cajas fuertes era una de las mayores aficiones de Holmes.” Este inesperado “hobby” le permitirá destruir todas las pruebas que acaparaba el malvado Milverton.

Los seis Napoleones

The Six Napoleons. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, mayo de 1904.

Nadie mejor que el Napoleón de los detectives para aclarar un extraño caso relacionado con seis bustos de yeso del emperador francés. Lo que empieza aparentemente como la diversión de un loco obsesionado con Napoleón I, tal como declara el inspector Lestrade, da un giro dramático cuando Horace Harker, propietario de uno de los bustos destruidos, descubre en la escalinata de su casa el cadáver del mafioso Pietro Venucci. Holmes se hace cargo de la investigación y descubre rápidamente los verdaderos motivos del aparente lunático. La “idée fixe” por la que, según Watson, el agresor destruye los bustos de Napoleón, resulta ser la búsqueda de una perla negra perteneciente a los Borgia y que el criminal -el malvado Beppo- había escondido en uno de los bustos, tras habérsela robado al príncipe de Colonna.

La duda final, si no conociésemos la honorabilidad de Holmes, sería si la perla entra definitivamente o sólo temporalmente en la caja fuerte de Holmes, ya que el detetive no menciona la intención de devolvérsela a su propietario ni se la entrega al inspector Lestrade.

“Collier’s” fue el primero en publicar este relato, en abril de 1904, y “The Strand” lo hizo en mayo del mismo año, para el público británico.

Los tres estudiantes

The Three Students. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, junio de 1904.

En un esfuerzo voluntario por no aclarar a qué gran universidad -Oxford o Cambridge- se refiere, Watson narra una aventura en un hipotético colegio de San Lucas. La historia comienza en 1895, con la visita a Baker Street de Hilton Soames, tutor y lector de griego. A su llegada Watson lo describe como “alto, enjuto y de temperamente nervioso y excitable”. Con motivo de la concesión de la beca Fortescue, el examen ha sido robado y las sospechas recaen sobre tres alumnos que ocupan las habitaciones situadas encima del despacho.

Holmes y Watson acuden a la Universidad y, con la colaboración de Bannister, el criado de Soames, descubrirán al autor del desagradable incidente. Finalmente, el culpable, renunciando al examen que le daría acceso a la importante suma que acompaña a la beca Fortescue, parte hacia Rodesia para ocupar un cargo en la policía. “Me satisface de veras que usted no haya pensado en aprocecharse de una ventaja mal lograda”, será el comentario de Hilton Soames, cuando el culpable declara su intención.

Las gafas de oro

The Golden Pince-Nez. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, julio de 1904.

En una tempestuosa y desapacible noche de noviembre de 1894, se presenta en Baker Street el inspector Hopkins de Scotland Yard. El joven policía está realmente desorientado por la extraña muerte del joven Willoughby Smith.

El episodio tuvo lugar en Yoxley Old Place, en Kent, a catorce kilómetros de Chatham. La casa alquilada por el profesor Coram era un remanso de paz, donde el profesor se dedicaba a trabajar con la sola compañía del servicio y de su joven secretaio, el malogrado Willoughby Smith. De pronto, un día, tras oír “un alarido desatinado y bronco”, la doncella encuentra al secretario agonizando. Solamente existen dos pistas: la frase de Willoughby antes de morir “El profesor…; fue ella”, y las gafas de oro que aferraba en su mano. No hay rastro del asesino, no existe ningún móvil aparente y el inspector Hopkins no encuentra ninguna solución.

Sherlock Holmes descubrirá la verdadera personalidad del profesor Coram, y una vez más será el pasado de éste el que le pedirá cuentas y vengará su infamia. Sin embargo, la cobardía del profesor ha causado la muerte de dos inocentes. La intervención de Holmes logrará, por lo menos, que las dos muertes no sean inútiles.

El tres cuartos desaparecido

The Missing Three-Quarter. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, agosto de 1904.

La eterna rivalidad entre las dos grandes universidades inglesas, Oxford y Cambridge, va más allá del campo académico y se extiende principalmente al terrreno deportivo. La desaparición del mejor jugador del equipo de rugby de Cambridge, en vísperas de un enfrentamiento con Oxford, se convierte en un grave problema capaz de merecer la intervención del Napoleón de los detectives.

Los expertos sitúan este caso entre 1896 y 1898, y Watson lo saca a la luz siete u ocho años después. Una sombría mañana de febrero llega al 221-B de Baker Street un extraño telegrama: “Por favor, espéreme. Terrible desgracia. Desaparecido tres-cuartos ala derecha, indispensable mañana. Overton.” A tan inteligible mensaje le sigue la visita de Cyril Overton, firmante del telegrama y capitán del equipo de rugby de Cambridge. El muchacho visita a Holmes, siguiendo los consejos del inspector Hopkins, para denunciar la desaparición de su amigo y compañero de equipo, Godfrey Stamerton.

Todo parece indicar que se trata de una maniobra de algún desalmado para que Cambridge pierda un importante partido que debe jugar al día siguiente contra Oxford. Pero nada es lo que parece, y Holmes logra desentrañar el caso, que se reduce a una romántica historia de amor prohibido. La diferencia de clases entre un joven y aristocrático heredero y una bella y pobre muchacha con trágico destino, es lo que provoca la triste historia que descubrirá Holmes.

La granja Abbey

The Abbey Grange. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, septiembre de 1904.

Una fría mañana de invierno de 1897, Holmes recibe una carta del inspector Stanley Hopkins desde la granja Abbey, en Marsham, Kent, solicitando su ayuda para desvelar el misterioso asesinato de Sir Eustace Brackenstall. De camino hacia el lugar de los hechos, Holmes reprocha a Watson la falta de interés científico de sus relatos y da a entender, por primera vez, su intención de retirarse al campo para escribirlos personalmente.

A su llegada a la granja Abbey se encuentran con Lady Brackenstall, una mujer de una extraordinaria belleza e ideas avanzadas. A través de ella, Conan Doyle ataca la anticuada e injusta ley del divorcio inglesa:: “Les aseguro que esas monstruosas leyes de ustedes serán la maldición del país. Dios no permitirá que perdure semejante maldad.”

Lo que en principio parece obra de una banda de salteadores de casas, resultará ser consecuencia de la necesaria defensa de la bella Lady Brackenstall por parte de un pretendiente suyo, acción en la que resultará muerto el abominable Sir Eustace, un hombre violento y muy cruel.

Holmes, una vez más, dejará libre al culpable Jack Crocker, añadiendo: “Prefiero engañar a la justicia de Inglaterra que a mi propia conciencia.” Con la ayuda de Watson, Sherlock Holmes montará un simulacro de juicio en Baker Street, del que saldrá la siguiente sentencia: “Vox populi, Vox Dei. Está usted absuelto, capitán Crocker.”

La segunda mancha

The Second Stain. Arthur Conan Doyle. The Strand Magazine, diciembre de 1904.

La gravedad y lo delicado del caso hacen que Watson se niegue a facilitar el año, ni siquiera la década, en la que sucedió el nuevo caso. La desaparición de una importante carta de un monarca europeo está a punto de tener consecuencias imprevisibles, cuando Lord Bellinger, dos veces presidente del Consejo de Gran Bretaña, y el muy ilustre Trelawney Hope visitan a Holmes en Baker Street.

La rápida intervención de Holmes resolverá el misterio que, como en tantos otros casos, encierra un caso de chantaje a una bella dama por un indiscreto error de juventud. Este último relato de El retorno de Sherlock Holmes lo escribe Watson cuando Holmes ya está retirado en las tierras bajas de Sussex, dedicado al estudio de la apicultura y hastiado de la notoriedad provocada por sus éxitos como el más brillante de los detectives del mundo.